La suciedad de las calles es un problema que padecemos en mayor o menor medida, indistintamente de que habitemos en una localidad pequeña, mediana o una gran urbe.

El tipo de sociedad consumista que nos ha tocado en suerte, está plagado de envoltorios de todo tipo que llenan bolsas y bolsas, contenedores y enormes contenedores para basura, donde los depositamos… o no, habida cuenta de la suciedad que nos rodea por doquier.

Al igual que lo anterior, la tenencia de todo tipo de mascotas en nuestros hogares llegadas al albur de los caprichos y la moda, ha terminado tapizando las calles, aceras y parques de nuestras poblaciones de cacas y orines dejadas atrás por dueños irresponsables que juegan continuamente al “pío, pío que yo no he sío”

No nos olvidemos de los animales de dos patas que alivian sus necesidades fisiológicas en cualquier sitio. Todo les viene bien para evacuar. Todo y en cualquier parte, antes de dar dos pasos para buscar un wc, una papelera para sus desperdicios, condones usados o toallitas.

Las redes sociales y su mundo han propiciado la crítica de los usuarios hostigados, sin que tengan demasiada conciencia de ello ni al parecer les importe, por los partidos políticos que usan así la queja de los mismos como martillo pilón para intentar desestabilizar al contrario que gobierna y es el responsable de retirar, y retira, las toneladas y toneladas de basura que no tan inocentemente vamos dejando a nuestro alrededor.

Y así nuestro maloliente rastro se expande, sin un ápice de mala conciencia, mientras descargamos nuestra responsabilidad en los ayuntamientos y sus equipos de limpieza.

Como si el pagar impuestos nos liberase de nuestras obligaciones como personas y las normas para la convivencia estuviesen supeditadas a que a cada uno nos pongan al lado un barrendero para que vaya retirando nuestras inmundicias y a un agente de la ley para que nos sancione cuando nos salimos de madre.




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