Un cúmulo de sensaciones acontecían la mañana en la que partiríamos con nuestra mejor cara y con ganas de disfrutar camino a Cañamero, un paraje idílico y desconocido para muchos de nosotros, que nos brindaría unas vistas inmejorables acompañadas de unas actividades únicas.

Entre bostezos y nerviosismo conseguíamos llegar al punto de encuentro, y tras dividirnos en cuatro grupos nos dispusimos a comenzar nuestra aventura.

Era el momento de enfundarse los chalecos y disfrutar de una pequeña ruta de kayak por Río Ruecas donde pudimos ver el embalse Cancho del Fresno. Caídas, risas y chapuzones fueron la tónica de esta actividad tras la cual más de uno hoy esté sufriendo unas molestas agujetas.

Ruta de Kayak en el Río Ruecas dentro del Geoparque

Emilio Martín en Geoparque VI

Escalada en el Geoparque

Seguidamente nos pusimos en marcha hacia la zona de escalada y tras ver y sufrir los pequeños rasguños y algún tembleque ocasional producido por la impresión que daba estar a tanta altura, añado que, la escalada no es lo mío (Y más de uno pensará creo, que igual).

Paintball en el Geoparque

Tras pasar por la Cueva Chiquita y ver (muy difusamente) algunas de las pinturas rupestres, cogimos rumbo hacia la zona de paintball. ¡¡Era la guerra!! Ya no había amigos, volaron los bolazos de un lado para otro, magulladuras, raspones, golpes… Aquí no se salvó nadie, nos teníamos ganas y eso se notó jaja pero el buen rollo reinaba entre nosotros y pese a alguna regañina puntual, el balance fue muy positivo.

Ya cansados y doloridos y tras ver (algunos) unos vídeos informativos, nos montamos en el autobús en un viaje lleno de ronquidos y risas, la gente estaba cansada, pero la tan grata experiencia hacía que algunos de los allí presentes convirtieran el viaje en un constante intercambio de impresiones, en una aventura que sin duda tuvo de todo.