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COLABORADORES. AQUÍ Y AHORA por Luisa Arellano

 

Cuando el coronavirus va a la peluquería

 

Si miedo daban las redes sociales, colmadas de disparates de todo tipo y condición cuando corríamos ocupadísimos de un lado para otro, terror da pensar qué va a suceder en los próximos 15 días con el personal aburrido en sus casas y con la única vía de escape a través de Internet.

Solo unas pocas horas desde que el presidente anunció el estado de alarma y me he desayunado con una buena batería de disparates al respecto. Es muy triste descubrir como desconocemos a nuestros semejantes y como nuestra perspectiva de lo que ocurre a nuestro alrededor es totalmente falsa.

Si dejamos a un lado que mucha gente está confundiendo estado de alarma con estado de sitio (preguntan hasta si pueden sacar la basura) y que muchos otros, descerebrados, se han tomado esto como la fiesta del coronavirus y van de un lado a otro a su puñetera bola, una de las cosas que más parece haber impactado de la batería de disposiciones que se anunciaron es la de que pueden permanecer abiertas las peluquerías.

Hay gente haciéndose cruces al respecto y como la ignorancia es muy atrevida, esputan y esputan y esputan alrededor de ese ombligo suyo que les impide ver a las peluquerías otra utilidad distinta a “voy a que me guapeen” desde esa movilidad suya que presuponen egoístamente en todos los demás.

Ignoran, que hay muchas personas de todas las edades y condiciones que carecen de la suficiente movilidad para, por ejemplo, poder lavarse la cabeza solas.  Los centros de día y los de mayores (que tienen servicios de peluquería) se han cerrado por seguridad. Entre otras muchas cosas ¿Quién daría ese servicio a estas personas, que muchos de ellos caminan, pero que sus brazos y sus manos nos les permiten ya hacerlo ellos mismos?

Realmente me resulta doloroso observar como medimos todo desde nuestras posibilidades y gustos. Si yo me puedo lavar sola la cabeza, los demás también, fuera peluquerías. Si yo no fumo, los demás tampoco, fuera los estancos. Si yo voy una vez al año a la tintorería, los demás también, fuera las tintorerías.  Si yo no entiendo una norma, los demás son ineptos, que se vayan. Yo, yo, yo, yo, yo….

Un poquito de humildad y paciencia también sería de agradecer. La esperanza no hay que perderla nunca.

Ojalá este Covid19 nos pula y además de enseñarnos lo frágiles que somos los seres humanos, aprendamos a ver a los demás poniéndonos en su lugar. La salud de todos es ahora lo único importante.

#YoMeQuedoEnCasa
#QuédateEnCasa