Al cumplirse el décimo aniverario del accidente nuclear que se produjo en la central nuclear de Fukushima por la inundación de sus seis reactores a causa del tsunami que asoló las costas de Japón, Adenex y Ecologistas en Acción del Campo Arañuelo estarán hoy jueves día 11 plantando un ciruelo en el Bosque de los Recuerdos creado en  Navalmoral de la Mata (Cáceres) para no olvidar que la catástrofe nuclear aún está sin  resolver.

FUKUSHIMA Y ALMARAZ. NO OLVIDAMOS. 

Hace 10 años, el 11 de marzo, un gran tsunami, que no era el primero, golpeó  las costas japonesas con una violencia inusitada. Y la catástrofe continúa hoy en día,  en uno de los países más ricos y avanzados tecnológicamente del mundo, en un país  donde la industria nuclear nunca aceptó que algo así pudiera ocurrir. La inundación  de los seis reactores nucleares de la central de Fukushima-Daiichi inutilizó los  generadores de emergencia de la central y llevó a que se produjeran tres fusiones  nucleares, un accidente en todo igual al ocurrido en Chernóbil 25 años antes, y  también catalogado con el máximo posible. Ni los generadores ni la inyección de  agua de mar garantizaron el enfriamiento necesario. En el núcleo del reactor, el  hidrógeno en forma explosiva hizo volar el techo de la central y de todo el edificio de  contención, y de forma similar en los otros reactores. 

La contaminación radiactiva llegó al mar (concentraciones de cesio y radio)  contaminando la flora y fauna marítima. Incluso el atún capturado en esa época en la  costa de California tenía niveles indescriptibles de radiactividad. El día de hoy, diez  años después del accidente, la contaminación aún no está confinada, a pesar del  gobierno japonés intenta que las personas vuelvan a sus lugares contaminados y que  se eliminen los dosímetros de los lugares públicos que señalen altos niveles  radiológicos. 

Sin embargo, a nivel internacional, Japón continúa promoviendo los Juegos  Olímpicos con el objetivo de borrar la imagen desastrosa de la situación y sin  soluciones tecnológicas adecuadas y donde la ciencia revela su incapacidad efectiva.  Ahora escuchamos la propuesta de que el agua radiactiva almacenada se vierta en  el Pacífico, ya que la alternativa en la costa significaría la construcción de varios embalses de retención que tendrían que estar bajo vigilancia durante al menos 100  años. 

¿Qué hemos aprendido de Fukushima en Almaraz, además de poner en  cemento, en el suelo, que se adoptaron las recomendaciones post Fukushima? 

Las empresas propietarias (Iberdrola 52,7%, Endesa 36% y Naturgy 11,3%)  no se ponen de acuerdo con el cierre inmediato, pero exigen al Ministerio el impago  del subproducto, los residuos radiactivos que generan un presente eterno y  envenenado para las futuras generaciones. Incluso las obras requeridas para el  embalse de refrigeración ya debían estar terminadas de acuerdo con los calendarios.  ¿Para cuándo? ¿Y qué dice de esto el gobierno portugués? 

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) , en lugar de independizarse de los  negocios radiactivos, después de 40 años sigue haciendo la vista gorda a los riesgos  y problemas. Por ejemplo, los generadores eléctricos previstos en caso de accidente  que todavía no son fiables. Y lo más peligroso si hay una ruptura en la presa de  Valdecañas todo puede ser igual a Fukushima. 

Por supuesto, las empresas propietarias dicen que “esto nunca puede  suceder”. ¿Dónde hemos oído esto antes? Al Ministerio para la Transición Ecológica  y el Reto Demográfico, que negoció sin transparencia democrática, sin audiencias ni  consenso social un calendario de cierre de las nucleares a la medida de los intereses  de los oligopolios, donde ni siquiera ha actualizado el último Plan de Residuos  Radiactivos, con el fin de no aumentar las contribuciones de las empresas tanto al  proceso de desmantelamiento como al de la gestión de residuos que ellos han  generado.  

Mientras tanto, la Junta de Extremadura ha reconvertido el prometido Plan de  Desarrollo equitativo económico para la comarca de El Campo Arañuelo en una vía  libre para las empresas propietarias de la central nuclear de Almaraz dándoles  prioridad para que ocupen todo el territorio extremeño con plantas fotovoltaicas, impidiendo de esa manera que pymes y emprendedores sean las verdaderas  comunidades energéticas de Extremadura; las únicas que pueden frenar el  despoblamiento en ciernes.  

Nuestros pensamientos, estos días, están con las víctimas actuales y  futuras de una tecnología del átomo para generar electricidad que jamás tuvo  que desarrollarse por los daños y sufrimientos ocasionados en todo el mundo.