El término egoísmo hace referencia al amor excesivo e inmoderado que una persona siente sobre sí misma y que le hace atender desmedidamente su propio interés.  Proviene de la palaba “ego”, un concepto psíquico por el cual, un individuo se hace consciente de su propia identidad y se reconoce como YO. El egoísta no repara en las situaciones del prójimo y rige sus actos de acuerdo a su absoluta conveniencia.

Ciertamente, el concepto nos evoca la idea del error o defecto moral en el ser humano, que incluye una connotación negativa de esta palabra, no obstante, hay tantas visiones como estrellas en el universo, por ello, desde aquí se propone una nueva percepción de la burbuja que rodea este término, el llamado EGOÍSMO POSITIVO.

Esta nueva concepción,  tiene una parte común con el tradicional egoísmo; comparte el amor por uno mismo, aunque ni es excesivo ni es inmoderado o tóxico; además no considera la absoluta conveniencia como algo que pone nuestro interés por encima del de los demás como si sólo importasen los propios, sino que estos propios se utilizan como guías para nuestra felicidad sin dañar la ajena.

Bien podría decirse que el egoísmo positivo es una capacidad que debe aprenderse, por medio de la razón y el autoconocimiento, sabiendo que nos ayuda a identificar prioridades, necesidades y anhelos, actuando en estricto apego a los mismos, mientras que nos relacionamos de forma flexible y comprensiva con nuestro entorno, haciendo uso de un diálogo negociador y conciliador (practicando así la conducta asertiva y empática).

Es difícil creer que en la sociedad actual, hablar de egoísmo resulte positivo, pero como se puede concluir, sí que es beneficioso coger las partes provechosas de un concepto y aplicarlo a la vida globalizada e intercomunicada en la que nos encontramos.

En definitiva, supone el transitar por la vida  siendo fieles a nuestras convicciones, vocaciones y pasiones que nos sirven como consejeras ante las decisiones correctas, y nos aseguran que éstas están tomadas con certeza. Este sentimiento final, nos llena de conformidad y felicidad en nuestro interior (que ya no es deseado de forma envidiosa e insana hacia los demás, sino como el sostén a la sensación de identidad y de autenticidad de cada uno), siendo el compromiso constante con lo que se hace, con lo que se vive y con lo que supone mi verdadero YO.

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