CARTAS AL DIRECTOR

“La sociedad abocada al fracaso” por PJ Fernández

Después de leer hace unos días una carta al director en este mismo medio, firmada por algún miembro del partido político Vox Navalmoral, necesité de unos minutos de reflexión y releer hasta en tres ocasiones el artículo publicado.

Entre sus párrafos se encerraban consignas de un tiempo lejano, pero vivo entre nosotros. Seres humanos en cuarentena, fuera de los núcleos de población e identificaciones a la vista. Resulta laborioso encontrar personas que ejerzan de esa manera su libertad de pensamiento y de expresión, sin embargo son opiniones que en círculos cerrados se revelan intensamente, aunque de cara a la galería, se ocultan bajo un disfraz incompleto.

Las fábulas, intereses y contemplaciones de la propaganda en los medios de comunicación de la era tecnológica y del consumo, marcan los caminos en los enlaces del cerebro humano, pereciendo lo común del siglo XIX y primeros años del XX, lectura, tiempo y mejoras de derechos fundamentales.

En 2018, aguijoneados por el hervidero de fútbol cada día de la semana, dan la bienvenida a la época del amanso del ser contemplativo. Nos orientamos hacia más horas de sol y por ende de calor, en detrimento de nuestro medio ambiente y en particular de nuestra salud. Absortos por tener una veintena de canales televisivos a nuestra disposición, aumentando horas de programas del corazón y mientras agradecemos cada mañana el levantarnos y cobrar una renta no contributiva de menos de 400 euros mensuales, tener entre 50 y 55 años y no teniendo que comer. Sale el sol todas las mañanas, esto es España y sucede en Navalmoral y la culpa, perdónenme señores de Vox, no la tienen personas de otros países que, en la mayoría de casos, se ven obligados a marcharse de su lugar de nacimiento, abandonando todo lo que poseían, siendo en muchas ocasiones la nada ese todo.

No tenemos espacio para recapacitar sobre la condición de vida que estamos consintiendo llevar, el ingente gasto público que manipulan algunos políticos, sobre lo moral y ético de medidas antihumanitarias que un día conocemos y tachamos de inoportunas, pero que al día siguiente quedan ensombrecidas por un acto corrupto, sea del color que sea, todo un torbellino de confusión, que se escapa de nuestras manos por aquellos avaros de control.

Mientras tanto España sigue teniendo un ingreso medio anual por persona de unos 23.156 euros, el porcentaje de población por debajo del umbral de riesgo de pobreza se sigue situando en el 21%, lo que significa que uno de cada cinco españoles vive en riesgo de pobreza con unos ingresos inferiores a 8.500 euros. Aún existen trabajadores que reciben 3,5 euros por hora trabajada o que amplían jornadas de trabajo gratuitamente, permitiéndolo por miedo a perder su puesto.

Si hablamos de nuestra comunidad, Extremadura, es el lugar donde los sueldos son más bajos, el salario medio de las mujeres es manifiestamente inferior que en el resto de regiones, la desigualdad sigue dominando los empleos.

En la región extremeña y en concreto en la ciudad morala, también se han cerrado industrias, no porque hayan fracasado, aún con ganancias millonarias, se marcharon porque la mano de obra le rentaba más capital en otro país. Y ahí está el otro lado de la balanza, depositaria de prácticamente todo el peso del poder, donde se encuentran los directivos de empresas como Ferrovial, cuyo máximo directivo se embolsó 1.4 millones de euros en sueldo y variables de 2.3 millones de euros. Juan Ignacio Entrecanales, de Acciona, con 5,6 millones de euros o Pablo Isla, de Inditex, con 10,6 millones de euros.

La brecha social crece con 58.000 nuevos ricos y 1,4 millones de pobres, 5,4 millones de contribuyentes ingresan ya menos de 6.000 euros al año. Estos, son los problemas de la ciudadanía, no esos ciudadanos sin identificar.

Los ricos son más ricos y los pobres, más pobres, ¿superstición ante todo lo que nos va mal o invención del que suscribe?. Lo permitimos y somos los que inflamos sus carteras y pinchamos nuestra particular burbuja.

Entretanto, continuaremos berreando “yo soy español”, enfureciéndonos porque un grupo de personas quiera votar para independizarse de la otra parte del país, creamos que la inseguridad la traen personas que buscan libertad o prestemos atención a Felipe VI porque lleva a sus hijas al colegio junto a su mujer. Seguiremos siendo todos “iguales”.

PJ Fernández