Capítulo 5º

En el año 1997 me llevaron a España para pasar las “Vacaciones en Paz”. Exactamente llegué a Extremadura, a un pueblo que se llama Navalmoral de la Mata.

Esto era lo que nos ofrecía el pueblo español a los niños de los campamentos de refugiados de Tindouf, cuando en el colegio llegabas a tercer grado.

Mi familia estaba muerta de miedo. En el campamento se decía que el pueblo español era muy bueno y generoso, pero mi familia de Sáhara no sabía con quién iba a estar. Mis padres tenían el DNI español, pero eso no garantizaba que todos-as los-as españoles-as fuesen buenas personas. Dejaban subir a su hijo en un avión y no sabían adónde iba, ni con quién iba… solo con la esperanza de que tuviera esas vacaciones en paz y recibiera todo lo que ellos en Sáhara no me podían dar, vencieron su miedo, tratando de darme una oportunidad de mejorar.

Yo tenía mucho miedo, pero también muchas ganas de conocer España. Estaba inquieto y ansioso por ver qué familia me iba a recibir y cómo eran. Nunca me había separado de mi familia, así es que aunque tenía ganas de conocer cosas, sentía que el miedo recorría mi cuerpo sin que yo pudiera controlarlo, éramos muchos niños y muchas niñas los que veníamos…

Subir al avión fue algo muy interesante, algo que descubría por primera vez y que me pareció fantástico. Sentir cómo aquella máquina podía elevar a tanta gente a la vez…increíble. Tanto la organización saharaui como las personas que nos recibían en España nos dieron un trato magnífico.

Llegar a España fue como llegar al paraíso, pero no podía dejar de sentir el miedo y no podía dejar de pensar que mi familia estaba muy lejos, que no podrían protegerme y que les iba a echar de menos…

Cuando nos asignaron a las familias, me llevaron a la casa. Nosotros vivimos en haimas, que son unas tiendas de campaña, así es que el piso de mi familia me parecía un palacio.

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La familia tenía un color de piel blanquito tan bonito…nosotros somos así como negritos….pero la gente aquí eran tan bonita…

Recuerdo que cuando llegamos a la casa me llevaron a la cocina, vi el microondas y creyendo que era el televisor les decía que me lo encendieran y ellas me enseñaban como se calentaban cosas dentro…pero para mí fue una decepción porque yo quería ver la tele…
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Poco a poco conocí una bella familia que estaba formada por el padre, Carlos; la madre, Loli; mis hermanas, Marta y Ruth; los abuelos, los primos, los tíos y las tías, los vecinos… toda una familia completa que me dio ropa, comida, me llevó al médico y lo más importante, su cariño y amor, que me trató como a otro miembro más. Se me fue pasando el miedo, me fui relajando, todo fue cambiando, menos una cosa…seguía echando de menos a mi familia.

Por primera vez en mi vida vi lo que era una piscina, ¡qué buenos recuerdos de la piscina municipal morala…!

Cuando llegamos la primera vez a la piscina Loli, mi madre, me preguntó si sabía nadar…yo le dije que sí, con total seguridad. No quería dar problemas, no podía ser tan difícil. Allí todas las personas se movían por el agua con fluidez… Cuando me tiré al agua empecé a hundirme y era incapaz de salir a flote, fue mi madre quien me sacó…menudo susto…

Allí aprendí a nadar.

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A mis hermanas les encantaba pasar la tarde en la piscina con los amigos y las amigas, con los primos y las primas… y a mí también…

Mi hermana Marta, la mayor, tenía gafas porque no veía bien y como en la piscina se quitaba las gafas, siempre me ponía un bañador naranja fluorescente que resaltaba con mi piel oscura para, con sólo levantar la vista, tenerme  localizado. Ahora nos reímos los dos recordando sus métodos de localización.

Mis hermanas eran del Club de Natación Moralo, así es que por las tardes, cuando se cerraba la piscina al público, nos quedábamos hasta el anochecer nadando.

Antes de volver a Sáhara, tuvimos una competición, recuerdo que llegué el último, pero me dieron una medalla, así es que cuando llegué a Sáhara fui contando que había sido el primero…jajajja…¡Qué niño era…!

Conocí un montón de lugares lindos que recuerdo todavía, como los pueblos de La Vera, los campos de fútbol donde jugaba con los demás niños del barrio….

Recuerdo los amores de mi hermana Ruth…era tan flaquita y bonita…siempre se estaba enamorando…

Fueron unos meses inolvidables que guardaré en mi corazón para toda la vida.

(Continuará en el capítulo 6º)


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