Capítulo 4º

Cuando dejé a “mi hermano” pequeño saharaui en Mérida, porque no sonó el despertador y fuimos a llevarle al autobús, la despedida fue muy cruel. Muy cruel no saber si volveríamos a saber de él porque aunque teníamos la esperanza de que regresaría al año siguiente, Salek nunca regresó. A pesar de que le buscamos, a pesar de que su padre nos llamó para decir que había venido a España…era buscar una aguja en un pajar…

Tristeza,  preocupación, rabia, impotencia…

Un miembro de nuestra familia, ya no estaba con su familia española… y la comunicación con su familia saharaui era muy difícil… Escribíamos cartas, pasaban los meses y no obteníamos respuesta… nunca supimos si llegaron las cartas…

Ahora él estaba con su familia y éramos nosotros quienes llorábamos echándole de menos… y cuando las lágrimas acudían a mis ojos, entonces recordaba su risa, creyendo que aquello iba a ser imposible.

Imaginad por un momento que os veis obligados a tener que dejar a uno de vuestros hijos, o vuestras hijas a su suerte, con personas desconocidas y que no sabéis más de ellos-as… la angustia, la desesperación, la preocupación, el miedo, la impaciencia… la impotencia.

Pasaron los años… muchos años… y de repente, un amigo de Salek nos dijo, por email, que estaba en Cuba estudiando… los emails eran confusos, porque no eran de él, eran a través de un amigo que chapurreaba castellano…

Pero no os podéis imaginar la alegría que se siente al saber que está bien, que ha seguido adelante y que ha tenido la oportunidad de estudiar.

Después otra vez el silencio.

Pero… hace poco… al teléfono de mi padre llegó un audio que decía:

“Buenas tardes Carlos. ¿Cómo está?. Encontré el otro día unas cartas que me mandaron ustedes y quiero saber de ustedes… ¿Qué tal les van las cosas?. Yo soy graduado universitario y quiero volver a España…”

Era Salek, lo que pasa es que dejamos a un niño de 7 u 8 años y ahora nos llegan fotos de un chico de 29. Pero es él, son sus ojos, son sus expresiones, son nuestros recuerdos…aunque antes su español tenía un gracioso acento pueblerino, y ahora habla con acento Cubano…

Imaginad la alegría de volver a saber de vuestro hijo o de vuestra hija, después de tantos años… los nervios, la ilusión… No se encuentran las palabras para explicar la emoción y los sentimientos…

Ahora hablamos por whatshapp todos los días y soñamos con lo que haremos juntos cuando llegue a España. Estamos viendo la forma de que venga, quiere venir a trabajar, ha estudiado educación especial, pero está dispuesto a trabajar de cualquier cosa.

Su familia ha crecido, él no se ha casado, ni tiene hijos, pero ahora tiene 7 hermanos y 5 hermanas… (me imagino a mi madre buscando más papel si hubiera llegado ahora…)

Se ha pasado al Real Madrid, ahora dice que es el mejor equipo y discutimos mucho por ello… Bromeamos, le llamo traidor, él dice que no es traición que sólo reconoce un error…

Nos mandamos fotos, compartimos cosas cotidianas, hablamos de política, de nuestras familias,  nos contamos cómo nos va la vida, nos reímos mucho recordando las cosas que vivimos juntos, y tenemos la ansiada esperanza de volver a compartir.

No puedo imaginar lo que debe ser irte con trece años de tu casa para estudiar en Cuba, con la diferencia de culturas, con la diferencia de recursos, sabiendo que te vas a lo desconocido, con un océano de por medio y sin recursos para volver… y que una vez que has hecho todo lo que tenías que hacer, te devuelvan al Sáhara para sentarte a esperar en el desierto, a no hacer nada y seguir a la espera de un referéndum que no llega, mientras la mayoría del mundo ignora tu existencia.

Hay una película sobre ello:

Pulsa AQUÍ para ver el TRAYLER y la PELÍCULA “El Maestro Saharaui”

Le digo que busque algún curso para hacer, que yo se lo pago, entonces siempre contesta entre la resignación, la desesperación y la contención para no llamarme ignorante: “Cariño, aquí no hay nada que hacer, no tenemos patria, no podemos ir a Tindouf a hacer cursos, somos ciudadanos de ningún lugar…no tenemos derecho a hacer cursos, a estudiar nada, para eso tendría que ser de Argelia, pero no soy de Argelia”. Y con cada idea que se me ocurre…para que no caiga en la depresión su respuesta es la misma: “Aquí no hay nada que hacer”.

En cada una de nuestras conversaciones él remarca que tiene ganas de volver a España, día tras día, habla de que no tiene ni un euro en el bolsillo. Entonces, como cuando salgo con mi hermana de casa y dice: “Uy, no llevo dinero”, sin pensar le digo:” ¿Quieres que te dé dinero?”. Pero las respuestas son muy distintas. Mi hermana, que se ha criado en España, siempre me dice: “Sí, dame 20€, por si acaso…”, mi hermano, que ha nacido en Sáhara, y ha estudiado en Cuba siempre dice: “No, mi vida, muchas gracias. Sé que tú también lo necesitas, yo no necesito el dinero, yo necesito el trabajo para ganarme el dinero. Ayúdame hermanita a salir de aquí, yo no quiero que me regalen nada, yo quiero ganármelo, por favor sácame de aquí…” Y a mi se me parte el alma, porque no sé qué hacer…

Por eso os pido que, si alguien busca personas para trabajar, se ponga en contacto conmigo, él es fuerte, además está deseando trabajar de lo que sea, lo que quiere es salir del Sáhara, para poder ayudar a su familia, como cualquiera de nosotros y nosotras haría… cuidar de nuestros seres queridos, aunque para eso tengamos que alejarnos…

Y porque quiero abrazar a mi hermano, porque hace ya mucho tiempo…demasiado…

Siempre han dicho que el pueblo moralo es un pueblo solidario, y así lo ha demostrado en multitud de ocasiones, no vamos a manifestaciones multitudinarias, pero cuando he necesitado apoyo para causas solidarias…siempre ha respondido… Si alguien busca un trabajador, por favor que le dé una oportunidad…

Marta Saray Encinas.

(La historia continuará en el capítulo nº 5 )

 

Vídeo enviado por Salek desde el campo de refugiados saharauis de Tinduf.

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