Vivimos tiempos de saturación informativa. A diario nos bombardean con todo tipo de información y publicaciones a través de internet. No nos da tiempo a razonar una y ya tenemos la siguiente esperando. Somos consumidores ávidos de información que no procesamos. Los artículos elaborados han dado paso al sensacionalismo que busca el click fácil y a nuestras ganas de llenar nuestros egos siendo los primeros en comentar o publicar algo, aunque esto sea falso. Buscamos notoriedad, no informar. Nos radicalizamos en nuestras opiniones, porque escuchar al otro y razonar es muy cansado. Ya lo hacen otros por nosotros que nos dicen qué pensar. Y esta falta de razón, de pensamiento crítico, este opinar sin pensar se volverá en nuestra contra.

Si buscamos nuestra ciudad en Facebook, lo primero que nos aparece es el grupo “Navalmoral sin censura”. Un grupo muy activo con más de 3.100 miembros, casi el 20% de una población de 17.000 habitantes; un número nada desdeñable teniendo en cuenta que, para realizar las encuestas de opinión a nivel nacional, la muestra seleccionada suele ser inferior a dicho número para obtener resultados que representen a millones de personas. Es, a nivel de estadística, una representación muy fiel de los habitantes de Navalmoral.

“Navalmoral sin Censura” es uno de los grupos más activos en Facebook a nivel local, pese a ser un grupo cerrado, sus contenidos son públicos y accesibles a cualquier persona que quiera curiosear. El propio funcionamiento de Facebook hace que, cuanta más gente participe, a más gente le llegará a su ordenador o a la pantalla de su móvil las publicaciones de dicho grupo. Por ejemplo, según la Universidad de Oxford, en Facebook tenemos de media 155 amigos por usuario. Esto significa que, para Facebook, el público potencial de este grupo no es de 3.100 miembros, sino de más de 480.500 usuarios, una cifra superior a la de todos los habitantes de la provincia de Cáceres. Y esto solo si se realizan acciones de primer nivel (comentar o dar “me gusta”), si se comparte, dicha cifra aumentaría exponencialmente.

No somos conscientes del poder y la responsabilidad que conlleva estar en una red social. Solemos pensar que es como juntarte en el bar con tus amigos y opinar, pero la realidad es que tiene más parecido con una cámara de televisión grabándote las 24h del día con audiencia mundial. Las redes sociales son la ventana con la que nos mostramos al mundo, refleja lo que queremos mostrar, y la realidad es que esta ventana en concreto es tremendamente perjudicial para Navalmoral y para su gente.

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Las publicaciones y opiniones vertidas muestran una mayoría de comentarios racistas, xenófobos, llenos de miedo y rechazo a lo que no es igual que lo tradicional, opiniones con poco nivel de argumentación, insultos y fake-news; que retratan a Navalmoral como una localidad cateta y atrasada en lugar de la ciudad moderna y funcional que desde las instituciones se trata de potenciar. Porque para quien no conoce nuestra ciudad y decida buscar sobre nosotros en internet, su primera impresión será esa: que Navalmoral de la Mata, provincia de Cáceres, es una ciudad anclada en tiempos pasados, llena de paletos y de gente cutre. Un lugar que no merece la pena.

Estoy convencido de que mi ciudad no es así que, en realidad, Navalmoral es una ciudad plural, abierta y con ganas de crecer. Pero grupos como este, amparados por el silencio del resto de los moralos que callan por evitar conflictos o por el qué dirán, nos terminará por matar. Ninguna empresa querrá instalarse aquí. Ningún turista parar. Porque recordemos que todo el mundo, cuando quiere conocer algo, lo primero que hace es buscar en internet y al buscar “Navalmoral de la Mata”, lo que verá es un grupo con miles de seguidores gritando: “no os queremos”. No se puede ser tolerante con la intolerancia, es tirar piedras sobre nuestro tejado. Es responsabilidad de todos acabar con ella. Por el bien de Navalmoral y su futuro.