– ¿Por qué no me escuchas si grito fuerte para que lo hagas?. Suelo acompañarlo de todos los signos que conozco para llamar tu atención…
– !Por fin! ya me has oído… 
– Y ahora, ¿por qué me regañas? si lo único que me pasa es que no se que me ocurre y además después de elegirte como el guía que me enseña tampoco te entiendo a ti…

 

Miles de situaciones comienzan de este modo, quizás habrás oído hablar del famoso “estallido emocional” de un niño (reacciones extremas que no se encuentran bajo su control); pero no sólo les ocurre a ellos, sino a todos, aunque esta claro que en ellos nos resultan más evidentes , porque todos conocemos lo que es un buen “berrinche”.

Cuando aparecen estos estallidos solemos regañarles o valorarles negativamente, sin reparar en que es una equivocación, dado que al igual que para nosotros resultan inevitables y necesarios, en los niños aún más, debido al aprendizaje de la gestión que deben hacer de los mismos.

Conocemos adultos que reaccionan de forma equivocada, en los lugares menos apropiados o con las personas que no deberían…pero, ¿por qué lo hacen así? parece inexplicable, a no ser que utilicemos la máquina del tiempo para ver cuando fueron niños; unos niños que probablemente nadie guió en estos estallidos, y a los que nadie habló de lo común que resulta estallar y por consiguiente, cual es la forma correcta de actuar.

Por todos estos motivos, mi pregunta es: ¿Queremos seguir quejándonos de las personas adultas que nos cruzamos a lo largo de la vida y a las que la mayoría de las veces no logramos entender, lo cual nos lleva a juzgar de manera precipitada, o empezamos a construir personas emocionalmente sanas que nos harán el camino más fácil?. La decisión ya es reflexión de cada uno.

En la actualidad hay muchos casos en los que este error ya existe…pero, ¿Qué creíste, que lo fácil era rendirse? Pues déjenme decirles que, de esa forma, el error persiste. 


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