CARTAS AL DIRECTOR

 

Mi nombre es Angélica, tengo 36 años, y soy una de las personas a las que rescataron este pasado sábado, día 24, en la Portilla de Jaranda, cerca de Peña Horcón, en la Zona del Trabuquete.

Ese día habíamos salido de ruta como muchas más veces pero esta vez la cosa se complicó ya que, una vez cruzada la ladera para regresar a Guijo de Santa Bárbara, nos desviamos del sendero que conocíamos y seguíamos a través de la aplicación móvil porque la zona no estaba limpia y nos era imposible encontrar el camino de regreso.

Todo se complicó aún más. Ya casi anochecía y decidimos llamar a unos amigos de Navalmoral que conocen la zona y a una compañera de trabajo de Losar de la Vera cuyo marido trabaja como guía rural, para que estuviesen al corriente de la situación y nos ayudaran de alguna manera; pero no nos salía la ubicación exacta, por lo que al ver que la noche se nos echaba encima alertamos al 112 de la situación. Para socorrernos, enviaron a una pareja de la Guardia Civil de Talayuela que, junto al vigilante de la reserva, salieron en nuestra búsqueda.

La situación era insostenible, ya que el lugar donde estábamos era prácticamente inaccesible, debido a la localización y al mal tiempo. Aquellas horas se hicieron interminables, pues notaba como mi cuerpo dejaba de responder, a causa del frío y la nieve.

Alrededor de las 00:00 perdimos la esperanza de que nos encontraran, pues nos quedamos sin batería, no teníamos apenas luz y las voces que nos parecía escuchar dejaron de oírse. Aquella angustiosa situación se apoderó de mí y no lograba calmarme ni entrar en calor, por más que mi compi lo intentara. De repente, cuando apenas me había quedado dormida, escuché un silbido y vimos varias luces justo debajo de la colina donde estábamos. Rápidamente, comenzamos a gritar y vimos como una de las luces se aproximaba.

Entonces, llegó la persona que nos salvó la vida, Norberto Hornero Zabala, y digo salvó porque no estoy segura de haber sobrevivido a aquella noche de no ser por él. Apareció justo en el momento en el que yo había perdido casi la consciencia y su voz me tranquilizó, ipso facto, cuando escuché: ¿estáis bien? ¡tranquilos, ya ha pasado todo!. Son palabras que nunca olvidaré.

Nos ofreció comida y bebida, y me dejó ropa seca para comenzar a descender la colina. Fue un camino muy duro donde era bastante fácil resbalar y caer al barranco.

Una vez descendimos de la cima, continuamos el camino junto con la pareja de la Guardia Civil que nos estaba esperando y que informaron de nuestra aparición. El trayecto fue bastante duro, debido a la niebla, el agua, la peligrosidad del terreno y las continuas subidas y bajadas de montaña, para intentar llegar al punto de donde nos esperaban los demás.

Llegó un momento en el que estábamos tan asustados que incluso llegamos a dudar de que pudiésemos salir con vida de allí. Los bomberos ya iban en nuestra búsqueda, al ver que las horas pasaban y no regresábamos.

Habíamos perdido cualquier tipo de comunicación existente y gracias al vigilante, que conocía la zona y no perdió los nervios en ningún momento, llegamos sanos y salvos sobre las 5:00 de la madrugada y afortunadamente no hubo daños que lamentar.

Una vez que pasamos la cuerda del refugio de las nieves, nos reunimos con los primeros bomberos, después de cinco largas horas de camino. Nos ofrecieron comida, bebida, linternas, ropa seca… y fuimos en busca de los demás compañeros, que se encontraban en una zona próxima a los coches.

Con este relato de lo ocurrido quiero dar las gracias a todas las personas que intervinieron en nuestro rescate, 112, Guardia Civil, bomberos, guía, servicio sanitario, amigos, conocidos… y en especial a Norberto, que arriesgó su propia vida por nosotros subiendo hasta la cima de la montaña. De no haber sido así no podría estar contando esta heroica hazaña que sin lugar a dudas jamás olvidaré.